Hola personas que me leeis!
Nunca os lo he dicho pero, aunque no se si hay vida a través de esta pantalla, estoy encantada de pensar que alguna vez alguien leerá esto o quizás lo este leyendo justo ahora.
Os habéis fijado alguna vez en las pequeñas cosas del día a día? Ayer vi una comedia romántica que aún no había visto desde que se estrenó: "Cuestión de tiempo".
La película no es que sea una obra maestra... lo típico: chico se enamora de chica y hace lo imposible para conseguirla, obviamente viven felices toda la vida y tu lloras desde tu habitación al verlo porque estas deseando ser protagonista de una historia similar pero te das cuenta de que eso jamás te pasará.
Si eres el chico y por un milagro de la vida has visto la película pueden pasar tres cosas: quizás ya tienes novia y es por eso que la has visto; también puedes pensar que es una pastelada y no la vas a volver a ver o; La opción C, que eres una excepción en cuyo caso no me atrevo a describirte.
Hoy, aunque os haya metido un rollazo impresionante, no voy a hablaros de las historias que cuentan las películas y como nos hacen sentir aunque otro día si que lo haré. Tengo que admitirlo, me encanta el tema.
A pesar de que la película cae en el tópico del 'amor sobre todas las cosas' yo me quedé con el mensaje de final ya que me pareció una de las claves para ser feliz en esta vida.
El mensaje viene a decirnos que tenemos que vivir cada día como si fuera el último. Si, ya lo se, es lo típico, Carpe Diem y todo eso... Pero aunque siempre se diga lo mismo ¿lo habéis pensado alguna vez? Realmente, ¿os habéis planteado que los días solo los podemos vivir una vez y pasado el tiempo se esfuman? Se van como la pólvora, y no los podemos recuperar. No hay manera de hacer que vuelvan...
Yo, a partir de este momento me propongo fijarme en los pequeños detalles de la vida para poder ser mas feliz. No quiero caminar por la calle pegada al móvil, chateando o mirando Twitter porque esas cosas van a seguir ahí siempre. Cuando llegue a casa seguirán. Me propongo... es más! Me reto a mi misma a dejar a un lado las cosas superficiales para contagiarme de la felicidad que tengo alrededor. Quiero empezar a fijarme en la sonrisa de los niños pequeños y en su inocencia, en las personas mayores que siguen enamoradas después de tanto tiempo, en las personas jóvenes que aún llevando meses con sus respectivas parejas se comportan como esas personas mayores, en los actos de bondad y generosidad, en las familias unidas y en las risas que pueda llegar a escuchar. Creemos que hay pocas personas felices de verdad en el mundo pero eso es porque no nos fijamos. Os propongo que junto a mi empecéis a fijaros en la alegría que nos envuelve constantemente y seáis un poquito más felices.
Una sonrisa enorme, Zoe.
P.D.: "El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio" Johann W.Goethe
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